domingo, 31 de enero de 2010

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LA LENGUA ESCRITA. FUNDALECTURA.


ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LA LENGUA ESCRITA
-SU APRENDIZAJE Y SU ABORDAJE EN LA ESCUELA- (1)



FEDERACIÓN COMISIÓN NACIONAL DE LECTURA
FUNDALECTURA



La lengua escrita y su función social: la comunicación

La oralidad es nuestra primera aproximación de comunicación con los otros, a medida que el niño va creciendo, va incorporando elementos a su repertorio para hacerse entender y expresar sus necesidades y afectos. La oralidad permite que nos acerquemos a otros para informarnos, proponer ideas y argumentar opiniones.

Durante toda la vida, se lee y se escribe con un propósito definido, lo que equivale a decir que leemos y escribimos para obtener información, adquirir conocimientos, recordar algo, expresarnos, distraernos, intercambiar ideas. Leemos el periódico, instrucciones, anuncios, indicadores, mensajes; buscamos en el diccionario para aclarar el significado de alguna palabra sobre un tema en especial que en el momento de usarla desconocemos. Escribimos mensajes, cartas, apuntes, recetas, informes, memoranda, recomendaciones, direcciones, ideas, interrogantes, entre muchas otras cosas.

Lo anterior nos permite afirmar que la lengua escrita y la oralidad, cumplen con una función social esencial para el hombre: la comunicación. Los usos del lenguaje escrito forman parte de la vida social de los hombres que están inmersos en culturas alfabetizadas.

Comunicarse significa comprender y producir ideas; es un intercambio cuyo objetivo primordial es entender lo que otros dicen (oralmente y/o por escrito) y decir cosas que pueden ser comprendidas por los otros. Toda experiencia comunicativa tiene un doble propósito: lograr un efecto en el otro y afirmarse como persona.

La lengua en general, y por supuesto, la lengua escrita nos permite acceder al pensamiento de otros y organizar, ampliar, modificar, etc., nuestro propio pensamiento. La relación entre lenguaje y pensamiento es innegable. Tal como lo expresa el Currículo Básico Nacional. Nivel Educación Básica (1997, p.14):

“El hombre mediante el uso del lenguaje es capaz de tomar parte en procesos sociales de entendimiento que le permitan afianzar su propia identidad, interactuar en una sociedad específica y compartir una misma cultura. A través de la comunicación (oral y escrita) los individuos pueden desarrollar acciones que propicien transformaciones sociales. La oportunidad de dialogar, criticar, discernir o consensuar propicia oportunidades para reflexionar y cuestionar...

La importancia del lenguaje en la vida es obvia: gracias a él se adquiere un conjunto de experiencias que permite la conformación y desarrollo del individuo como ser social identificado cultural y afectivamente con su comunidad regional y nacional”.

Una lengua, el español en nuestro caso, se concreta en el uso, en los actos de habla, de escucha, de lectura y de escritura. Por esto aprendemos una lengua usándola, y al usarla aprendemos también su forma de usarla. Aprender una lengua implica no sólo aprender su gramática y su vocabulario, sino sobre todo, aprender a producir y a interpretar el significado de un determinado mensaje. Un mensaje siempre se produce en un determinado contexto (social, histórico, psicológico), en una determinada situación comunicativa, con el propósito de producir efectos en el receptor. Esto es lo que explica, por ejemplo, que un extranjero a pesar de conocer una lengua, que no es su lengua materna, le sea difícil interpretar el doble significado que puede estar implícito en un chiste o en un refrán.

Con esto lo que queremos decir es que aprender el uso de una lengua no sólo implica aprender nociones lingüísticas como: la estructura gramatical de la frase, de la oración o del párrafo, la ortografía, ni siquiera la estructura formal de los distintos tipos de discurso (narración, exposición, argumentación, entre otros), sino aprender también en qué situación comunicativa y en qué contextos se usan, para así desempeñarnos con eficiencia al comunicar o solicitar determinada información, al explicar o precisar determinadas ideas, opiniones, argumentos; debatir puntos de vista contrarios, expresar sentimientos y emociones, etc. A esto es a lo que se le llama competencia comunicativa.

Lectura y escritura en la vida y en la escuela

La escuela es una institución social, a la que casi exclusivamente se le ha dado la misión de enseñarle a los individuos los usos sociales de la lengua escrita. Pero sucede que en la escuela se lee únicamente para cumplir con las mal llamadas “actividades escolares”: el silabario, un examen, la lección que corresponde; y se escribe con el mismo objetivo: lo que está escrito en el pizarrón, la copia del libro, el dictado, la caligrafía, los cuestionarios, y si corremos con suerte, alguna carta para la maestra.

Aprender a leer significa hoy en día comprender la lengua que se escribe, sus formas y significados. A diferencia de cómo se entendía hasta ahora, la lectura no es descifrado, no es decodificación, no es deletreo, ni silabeo. Leer es siempre comprender y esto lo pueden entender (lo hacen) los niños desde antes de saber leer como lo hacemos nosotros.

Leer supone un acto de comprensión de lo que otro dice por escrito, poniendo en juego lo que el lector sabe de ese tema o las ideas que se ha hecho del mismo. Implica igualmente, una serie de actos mentales (anticipación, comprobación, asimilación, reorganización, etc.), que van más allá del texto mismo y de la decodificación y combinación de las letras.

Aprender a escribir en la actualidad, significa producir ideas, conceptos, puntos de vista, mensajes en general, con el propósito de provocar en el destinatario-lector algún efecto. Copiar no es escribir, la mayoría de las copias no son significativas para los niños, se utilizan sólo para ejercitar la mano, más no para establecer acuerdos o conclusiones, anotar una receta importante, una canción, etc. Cuando los niños copian del libro o del pizarrón textos que no han contribuido a producir, no están escribiendo.

Escribir significa producir ideas utilizando un código socialmente convenido, para lo que es necesario ordenar esas ideas, conocer el tipo de texto que se va a escribir, considerar el destinatario o posible lector de lo que estamos escribiendo, las particularidades de la lengua escrita y la intención de lo que se va a comunicar, entre otras cosas.

En otras palabras, leer y escribir en la escuela no cumple con las funciones sociales del lenguaje y mucho menos con los procesos mentales implícitos en estas actividades. La lectura en la escuela está vaciada de todo acto de comprensión, se lee para cumplir los requerimientos del maestro, se lee en voz alta para ser evaluado, se lee en voz baja para responder a un cuestionario, pero no se lee para comunicarse, para aprender, para construir hipótesis y conclusiones, para disfrutar una historia hermosa. La escritura en la mayoría de las aulas no implica la producción de ideas. La escuela se ha conformado con “enseñar” los aspectos mecánicos de la lengua escrita, haciendo énfasis en la decodificación y combinación de los grafemas, a través de un “método de enseñanza” específico.

Cada persona aprende desde que nace, y lo hace durante toda su vida, pues el hombre es “sujeto” de su propio aprendizaje. Al llegar a la escuela, los niños ya traen conocimientos e ideas sobre distintos temas, y, específicamente, tienen algunas nociones de para qué sirve y cómo funciona, en este caso, la lengua escrita. Han visto mensajes escritos en sus casas, saben que el periódico trae noticias que los adultos leen, reconocen los nombres de los productos de consumo en el hogar, identifican las chucherías, entre otros, por su nombre, etc. En la escuela la información se le presenta a los niños parcelada, primero las vocales, luego las consonantes, más tarde las sílabas y finalmente la palabra, sin considerar la información que trae de su hogar, de su comunidad. Lo que ofrece la escuela para leer son los silabarios que no aportan nueva información, y lo que se les pide que escriban dista mucho de ser producción de ideas.

Estas prácticas escolares responden esencialmente a la concepción sobre enseñanza y aprendizaje que se ha manejado durante largo tiempo sin mayor revisión ni reflexión por parte de la escuela misma. Resulta que hemos pensado que el aprendizaje es un hecho mecánico, que se realiza por repetición (estímulo-respuesta), que es algo externo al individuo y que éste es “objeto” del aprendizaje. Así mismo, hemos pensado que se aprende sólo lo que alguien ajeno al individuo mismo enseña. De igual modo, hemos creído que la enseñanza supone un conjunto de metodologías, recursos, y tiempo preestablecido, que no toma en cuenta lo que la persona quiere conocer sino que parte de los supuestos conocimientos o informaciones que “todos deben tener”.

Enseñar, bajo el enfoque constructivista, significa propiciar el aprendizaje real, significativo, ofreciéndole al niño situaciones que lo ayuden a confrontar sus saberes, descubrir y construir nuevos conocimientos. Los errores o respuestas “extrañas” que dan los niños tienen un soporte lógico, determinado por los esquemas conceptuales que él posee y que representan los pasos necesarios en la construcción de su conocimiento. Facilitar el aprendizaje es acompañar al niño en el proceso de adquisición de conocimientos, presentándole situaciones didácticas significativas, que partan y tomen en cuenta lo que los niños ya han construido, creando una atmósfera respetuosa. La enseñanza es relativa porque está sometida a las características del proceso de aprendizaje de cada individuo, a su desarrollo, a las oportunidades que han tenido para estar en contacto con el objeto de conocimiento y a las construcciones que éste haga de dicho conocimiento.

¿Qué nos corresponde hacer como maestros?

Tomando en consideración todos estos planteamientos, cabe preguntarse ahora: ¿qué está haciendo cada maestro para que sus niños quieran leer y escribir?, ¿cuáles son los espacios que propicia en el aula para que el niño lea y escriba de igual forma que se hace en la vida cotidiana?, ¿qué tipos de textos les ofrecemos para que comprendan lo que expresa el autor e interactúen con él a partir de lo que cada cual sabe?, ¿qué oportunidades les damos para que produzcan textos donde se expresen sus ideas acerca de algún tema en particular?

Si partimos de la premisa de que “la escuela debe enseñar para la vida”, y le damos un giro a las concepciones que sobre enseñanza y aprendizaje tenemos, es evidente que las actividades escolares, y por ende, la didáctica, cambiará. Y si a esto le agregamos el conocimiento del proceso de aprendizaje de la lengua escrita o lo que hace un individuo para apropiarse del funcionamiento y uso de la lectura y la escritura, la enseñanza de la lengua en la escuela tomará un camino más humano, más social y más provechoso.

La tarea entonces, no será enseñar las partes de una carta, sino leer varios tipos de cartas, escribir diferentes tipos de cartas, con propósitos y destinatarios reales, en espera de respuestas por escrito también reales. No es necesario desgastarse en hacerle entender al niño que una oración tiene sujeto, verbo y predicado, sino darle oportunidades para que construya textos donde tenga que utilizar oraciones con sentido, tanto para el escritor como para el posible lector. El docente no se limitará a corregir con bolígrafo rojo los errores ortográficos, sino que le dará oportunidades al niño para confrontar su escritura con la de otros y darse cuenta del porqué se escribe “quiero” en vez de “ciero”.

Es permitirle al niño el acceso a diversidad de libros (informativos, recreativos, de consulta, etc.), con propósitos diversos, partiendo de los interrogantes que se plantee (“Maestra: ¿por qué los dinosaurios ya no existen?”) y no indicarles la página que deben leer para responder el cuestionario que va para el examen sobre el tema de “los dinosaurios”.

Para que nuestros niños aprendan a leer y escribir, –como se entiende hoy en día lo que esto significa– es necesario que la escuela cree algunas condiciones sin las cuales es imposible que en ella se lea y se escriba de verdad. Entre estas condiciones podemos señalar:

1.- Que exista, al alcance de todos, diversidad de materiales de lectura como cuentos, periódicos, revistas, libros de temas variados e interesantes. Sin duda alguna, las bibliotecas de aula, los libros del Plan Lector y los que traigan al aula el maestro y los niños ofrecen la posibilidad de tener muchas opciones para elegir lo que se quiere leer.

2.- Que los adultos lean y escriban con sentido (delante de los alumnos y con los alumnos); por ejemplo, la lectura de un artículo periodístico o alguna información que les interese, la escritura de un mensaje o una nota de felicitación, etc.

3.- Que se digan y hagan cosas a partir de lo que se lee y escribe. Es decir, que la lectura y la escritura sirvan para aclarar dudas, aportar nueva información, llegar a acuerdos, relajarnos y sentirnos cómodos frente a un poema, etc., que sirvan para que sigamos siendo un equipo creativo e innovador.

4.- Que desde el mismo primer día de clases se le presenten a los niños oportunidades para leer con libertad, y con sentido colectivo, así como también que se les acompañe en su proceso de construcción de la lengua escrita, con intervenciones alentadoras, con retos para seguir aprendiendo en la compleja tarea de ser productores de textos.

5.- Que se pueda leer con distintos propósitos y en consecuencia, usar diferentes modalidades de lectura.

6.- Que se pueda escoger lo que se va a leer y a escribir.

7.- Recurrir a la lectura y/o a la escritura para resolver situaciones.

El objetivo fundamental es formar usuarios competentes de la lengua oral y escrita, vale decir, del español de Venezuela en sus distintas variantes y registros. Es necesario crear las condiciones en el aula para que naturalmente se usen los distintos tipos de materiales escritos, a fin de satisfacer las diversas necesidades, propósitos y apetencias de lectores, escritores y hablantes.

Es importante recordar que a la par que se aprende el uso de la lengua es posible, debe serlo –siempre y cuando el docente lo haga con una clara intencionalidad, aprender un conjunto de conocimientos propios de las distintas áreas del currículum.

Los temas siempre serán diversos, ¿cómo se puede aprender la historia, la geografía, el desarrollo de un problema matemático, las artes, las ciencias, si no es leyendo, investigando, y escribiendo nuestras reflexiones y conclusiones? Se trata, entonces, de que el docente aproveche las escrituras de otras áreas para enseñar también los distintos conocimientos del área lengua, tales como ortografía, sintaxis, pertinencia y adecuación e inteligibilidad de lo escrito. Estos elementos se abordarán sólo para que las producciones que se realicen queden mejor estructuradas, otros las puedan leer también, las podamos guardar en nuestras carpetas. Es decir, se aprenden los conceptos gramaticales sólo en el uso y cuando es pertinente hacerlo, de lo contrario serán sólo temas de estudio sin ninguna aplicación concreta.

El papel del maestro como promotor de lectura y escritura es fundamental para el niño, por esta razón es muy importante que promueva el uso frecuente del libro en el aula y en la biblioteca escolar, la lectura y la escritura en otros contextos no escolares, como la lectura compartida en el hogar, y en la biblioteca pública. Parte de la responsabilidad de un docente comprometido con la formación de lectores y productores de texto debe ser el encaminar al alumno hacia la biblioteca pública de la comunidad en la cual él tiene su residencia. Allí tendrá posibilidad de leer otros libros que no llegan a las aulas, se familiarizará con los procesos investigativos y valorará la palabra escrita en el intercambio libre con los compañeros y con los demás miembros de la comunidad.

En fin, revisar la concepción que tenemos sobre lectura, escritura, enseñanza y aprendizaje nos permitirá avanzar hacia formas de planificación y evaluación más cónsonas con lo que socialmente se “necesita saber” para desempeñarse mejor en la vida.

(1)Texto tomado de EDUCERE, TRASVASE, AÑO 4, Nº 11, OCTUBRE - NOVIEMBRE - DICIEMBRE, 2000.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada