jueves, 30 de mayo de 2013

La adquisición de la competencia escrita


3.3. La adquisición de la competencia escrita (*)

La adquisición de la competencia escrita no sigue el mismo proceso que la lengua oral. En condiciones normales de socialización, ésta es la primera que se adquiere y sólo en la segunda infancia (a los 5 o 6 años de edad) se enfoca, en nuestro ámbito cultural,  el aprendizaje sistemático de la lengua escrita. Se efectúa en unas condiciones distintas a las de la lengua oral;  un rasgo esencial es que la persona tiene ya una competencia lingüística fundada en su actividad oral. Una de las primeras necesidades es la adquisición del código gráfico de representación lingüística. Aunque en el momento del aprendizaje este código es un simbolismo de segundo orden con respecto al de primer orden (el sistema simbólico sonoro), una vez adquirido, se convierte gradualmente en un simbolismo directo (Vigotsky, 1978: 106). Con esto se advierte que, aunque en una primera fase es inevitable la traducción de un código a otro, muy pronto la expresión escrita irá perdiendo, en gran parte, la mediatización de la lengua oral. El sistema lingüístico subyacente que posee el hablante tiene, a partir del dominio del código oral y del código escrito, dos pautas sobre las que puede desarrollar una gran diversidad de funciones. Éstas vienen condicionadas por las prácticas discursivas del entorno cultural y social.

La característica más importante de la adquisición de la competencia escrita es que está sometida a un aprendizaje institucionalizado, que tiene lugar en centros de instrucción y de educación. A pesar de que la lengua escrita está presente en el entorno cotidiano, el aprendizaje del código exige un adiestramiento y una preparación específica. La alfabetización es la condición básica, el billete de entrada para el acceso a la cultura escrita, que, en el mundo occidental, forma el depósito de los conocimientos. La capacidad de leer –en el sentido de comprender, contextualizar, interpretar–  textos elaborados, y la capacidad de escribir para dar cuenta de la adquisición de estos conocimientos se ha convertido en el eje fundamental de la instrucción. A lo largo de todos los ciclos de la enseñanza se hace necesario progresar en la conciencia lingüística y la descontextualización que se requiere para leer y comprender explicaciones cada vez más abstractas, especializadas y complejas. Todo el currículo educativo se basa en aprender a operar con sistemas de representación de la realidad, principalmente escritos.

Si bien la oralidad está muy presente en la actividad de la enseñanza, tradicionalmente es el profesorado el que tiene la palabra y despliega su discurso para ejercer la mediación entre el saber contenido en los textos escritos y el estudiante, que debe aprender a comprender la información, relacionarla con su información previa sobre el tema y refundirla con otras informaciones posibles. En el momento de sancionar la adquisición de conocimientos también es casi siempre el modo escrito el que se toma como referencia y objeto de evaluación: la escritura, pues, se instaura como modo de producción y de re-construcción del conocimiento.

El uso escrito de la lengua, por estas razones, se ha convertido en una herramienta de poder y de competencia, signo de cultura y de instrucción, aduana de puestos de trabajo. En todo caso, lo que hay que recalcar es que el medio cultural en que se mueve el individuo determina sus posibilidades de desarrollo y, aun dentro de la misma cultura y de la misma sociedad, el caudal lingüístico –entendido por Bourdieu (1982) como «capital simbólico»– no está repartido  de forma igual en todos los sectores sociales, con lo que los individuos no tienen un acceso homogéneo a las prácticas culturales que se manifiestan a través de la lengua. para Bernstein (1971-1975), el «código elaborado» se asocia con sectores sociales familiarizados con la lengua escrita porque ésta implica un estilo mental distanciado de la situación inmediata, más objetivo y abstracto y con una utilización superior de medios verbales para construir su discurso.

A pesar de su importancia social, la reflexión sobre la escritura y el texto no se ha hecho de forma explícita y sistemática hasta muy recientemente. Desde una perspectiva didáctica se han planteado formas de favorecer el aprendizaje y la competencia en la escritura aprovechando los avances en psicología cognitiva, pragmática y lingüística textual (Serafini, 1985, 1992; Cassany, 1987, 1993; Colomer y Camps, 1991; Reyes, 1998). Veamos seguidamente unos ejemplos de recomendaciones para escribir, extraídos de algunas de estas obras:

-        Buscar modelos del texto que se ha de escribir.
-        Dedicar tiempo a pensar antes de empezar a redactar: tipo de comunicación, contenido (selección), orden.
-        Dejar para el final la corrección formal.
-        Controlar los cambios de enfoque: de la prosa de producción a la prosa de recepción.
-        Tener en cuenta todo el texto al redactar  cada fragmento.
-        Ser flexibles para modificar el plan inicial y la estructura prevista.
-        Buscar formas de expresión alternativas para expresar la misma idea si no nos satisface.
(Cassany, 1987)

Para escribir bien:
-        Lectura: medio principal de adquisición.
-        Tomar conciencia de la audiencia (lo que sabe, lo que espera, lo que exige de la situación).
-        Planificar el texto: objetivos y fases.
-        Releer los fragmentos escritos: enlaces entre lo anterior y lo posterior.
-        Revisar el texto: proceso de escritura recursivo, replanteamientos y modificaciones del plan inicial.
-        Estrategias de apoyo: consultas sobre saber enciclopédico, diccionarios, gramáticas, otras personas.
(Cassany, Luna y Sanz, 1994)

Veinte sugerencias para escribir mejor:

  1. Póngase cómodo y prepárese para estar solo.
  2. Hágase dueño de la página.
  3. Reescriba.
  4. Tache.
  5. No copie a nadie.
  6. Deje un poco de tinta en el tintero.
  7. Evite los lugares comunes desde el primer borrador.
  8. Concretice, humanice, metaforice.
  9. Cuidado con el masculino genérico (Está cambiando de sexo).
  10. Escriba un resumen de comparación.
  11. Escriba por partes.
  12. Revise primero lo primero y después el estilo y después la presentación del escrito.
  13. Guíe al lector.
  14. Repita palabras si hace falta.
  15. No derroche adjetivos.
  16. No se enamore de las palabras, y menos de las difíciles.
  17. Varíe los patrones oracionales.
  18. Cincele sus párrafos.
  19. Modelo el tempo del escrito.
  20. Sea buen lector de sí mismo.
(Reyes, 1998)


Finalmente, señalaremos que la escritura es una actividad compleja que necesita sobre todo ejercitarse. Probablemente, cada situación nueva de producción o de interpretación supone un esfuerzo de adecuación que necesita lectura, reflexión, pruebas, revisiones… La competencia escrita tiene distintos niveles, que son, desde el más simple al más complejo, según Wells (1987): el nivel ejecutivo (dominio del código), el funcional (permite la supervivencia en el entorno de la vida cotidiana), el instrumental (permite el acceso a la información) y el epistémico (permite el ejercicio de la crítica y de la creación).


(*) Texto tomado de Calsamiglia B., Helena y Tusón, Amparo (2008). Las cosas del decir. 2da edición actualizada. Ariel Lingüística, Barcelona, España, págs. 66-69.

2 comentarios:

  1. Buena selección sobre la adquisición de la competencia escrita.
    Saludos

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  2. La escritura como parte del desarrollo del lenguaje, es un saber que se adquiere e incrementa en la medida que se ejerce...

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